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El costo oculto de la ciberseguridad

El costo oculto de la ciberseguridad

De cara a 2027, planear el presupuesto de ciberseguridad implica evaluar no solo qué hace una herramienta, sino qué tan bien se conecta con todo lo demás.

El presupuesto de ciberseguridad suele construirse alrededor de la pregunta ¿cuánto cuesta la herramienta que se quiere implementar? El problema es que ese cálculo rara vez incorpora todo lo que una arquitectura tecnológica exige para mantenerse operativa. Así, licencias, infraestructura, administración, soporte, integraciones, horas de los equipos de TI y fricciones que afectan a los usuarios, terminan distribuidos en diferentes partidas aunque respondan a una misma decisión tecnológica.

Para 2027, esta forma de evaluar el software de seguridad tendrá que cambiar. La presión sobre los presupuestos de tecnología coincide con una superficie de ataque más compleja y con organizaciones que dependen de más aplicaciones, usuarios remotos, terceros y sistemas de inteligencia artificial. Una herramienta que cumple su función de seguridad pero demanda infraestructura costosa o gestión intensiva, puede tener un impacto económico muy diferente al que su precio de adquisición sugiere.

El costo de una vulneración ayuda a entender por qué esta discusión debe ampliarse, ya que el informe Costo of a Data Breach 2026 de IBM sitúa en US$4,99 millones el costo promedio global de una filtración de datos, un incremento de 12% frente al año anterior. Además, el 63% de ese costo corresponde a detección y escalamiento, y a la pérdida de negocio, lo que incluye interrupciones operativas, gestión de crisis y pérdida de clientes. El impacto financiero de una falla de seguridad no se concentra en el momento del incidente, sino que se extiende hacia la capacidad de la organización para seguir funcionando mientras lo resuelve.

Una arquitectura puede exigir más servidores, componentes, integraciones e intervención manual de los equipos técnicos para mantener los mismos controles. También puede obligar a los usuarios a atravesar procesos que reducen su productividad o dificultar la incorporación de nuevas aplicaciones, sedes, proveedores o colaboradores. Esos efectos rara vez aparecen en el presupuesto de ciberseguridad, aunque sean consecuencia directa de las decisiones tomadas en esa área.

Una arquitectura que reduce dependencias de infraestructura y permite administrar los accesos con políticas consistentes puede modificar costos que tradicionalmente se contabilizan en otras áreas. En un estudio de Total Economic Impact realizado por Forrester Consulting para AppGate, el escenario analizado estimó US$17,1 millones en beneficios durante tres años frente a US$5,5 millones de costos. De ese valor, US$4,2 millones correspondieron a reducción de infraestructura y gestión de red, mientras US$4,1 millones estuvieron asociados con productividad de los usuarios. Más allá del ROI, lo relevante es el valor de la tecnología desde una perspectiva financiera más amplia.

Que el software se convierta en una capa transversal de la operación hace que esto sea más importante. Por ejemplo, una empresa que adquiere otra necesita integrar usuarios, aplicaciones y redes sin convertir cada incorporación en un proyecto de meses. Una compañía industrial necesita conectar empleados, contratistas y proveedores sin exponer activos críticos. Una organización sanitaria debe facilitar el acceso a información sensible sin multiplicar puntos de entrada. En todos estos casos, la arquitectura de seguridad condiciona directamente la velocidad con la que el negocio puede operar y cambiar.

IBM, además, estima que los ataques de inversión de modelos de IA generaron pérdidas promedio de US$6,07 millones en los casos analizados, mientras que los ataques de inyección de instrucciones alcanzaron US$5,89 millones. Con la implementación de nuevas herramientas, modelos y aplicaciones de IA a procesos productivos, el cálculo del riesgo tendrá que incluir también los costos de proteger los datos, controlar los accesos y gobernar el comportamiento de estos sistemas. La seguridad dejará de estar confinada a la protección de infraestructura y tendrá que acompañar el ciclo de vida del software y de los datos que utiliza.

Por eso, la planeación debería incorporar una métrica más amplia para evaluar las herramientas de ciberseguridad. El precio de la licencia sigue siendo relevante, pero debe compararse con el costo total de operación, la infraestructura que requiere, el esfuerzo administrativo que demanda, la productividad que afecta o habilita y la velocidad con la que permite responder a cambios del negocio.

Evaluar una herramienta de ciberseguridad solo por el precio de su licencia deja fuera la mayor parte de la ecuación. Lo importante es preguntarse cuánto cuesta operarla, cuál es la infraestructura que exige, la administración que demanda y, de forma crítica, qué tan bien se integra con los sistemas legacy y con el resto del stack de seguridad ya instalado.

Una solución que no interopera con lo que la organización ya tiene termina generando proyectos de integración prolongados, capas de complejidad adicionales y fricción que rara vez se contabiliza en el presupuesto inicial, pero que se paga igual, en tiempo, productividad y riesgo. De cara a 2027, planear el presupuesto de ciberseguridad implica evaluar no solo qué hace una herramienta, sino qué tan bien se conecta con todo lo demás.

FUENTE: ERP SUMMIT

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