Tácticas como el ransomware, el malware, el uso de botnets, el fraude y la extorsión son usualmente señaladas como amenazas técnicas, sin embargo, sus consecuencias se extienden más allá de redes y dispositivos comprometidos. El cibercrimen puede irrumpir negocios e instituciones públicas, erosionar la confianza en los servicios digitales y dañar economías e individuos. Y es por lo tanto no solo un problema de ciberseguridad, sino un reto nacional y regional que requiere cooperación operacional entre sectores y fronteras.
El panorama de amenazas regional hace que dicha cooperación sea especialmente importante, los participantes de la reunión del 2025 identificaron como preocupaciones prioritarias el ransomware, el phishing y los ataques con malware, los fraudes financieros facilitados por medios cibernéticos, el uso indebido de la inteligencia artificial (IA) y las plataformas de cibercrimen como servicio.
El grupo enfatizó además la importancia de la cooperación público-privada estructurada, las operaciones conjuntas contra el cibercrimen, el intercambio de inteligencia en tiempo real y la inversión sostenida en capacidades técnicas. Este año la reunión dio continuidad a ese enfoque, resaltando cómo el intercambio de inteligencia puede ayudar a concretar resultados operativos e investigativos.
Transformando los datos en inteligencia operativa
FortiGuard Labs de Fortinet, analiza cómo está evolucionando el panorama de las ciberamenazas, identifica actividades y campañas relevantes, y provee información para apoyar investigaciones y operaciones.
La distinción entre coleccionar datos y producir inteligencia accionable, es crítica. Los indicadores, patrones de infraestructura, datos sobre comportamiento de malware y la conexión entre campañas son más valiosos cuando son puestos en contexto y entregados de una manera en la que puedan ser utilizados. Para las fuerzas del orden, esta inteligencia puede ayudar a revelar conexiones entre incidentes que podrían parece aislados, identificar infraestructura utilizada en múltiples campañas e informar decisiones sobre cuándo y dónde actuar. Para organizaciones del sector privado, la colaboración con las fuerzas del orden y organizaciones internacionales permite que la información sobre amenazas contribuya a esfuerzos de irrupción del cibercrimen de mayor alcance.
La colaboración crea impacto, cuando lleva a la irrupción
El intercambio de amenazas es esencial, pero solo compartir no es la meta. El verdadero indicador de su valor se traduce a si en realidad ayuda a las fuerzas de seguridad a prevenir daños, avanzar en investigaciones, embargar infraestructura criminal, irrumpir servicios ilícitos o complicar la operación de los cibercriminales.
Este Grupo de Trabajo para las Américas representa un foro importante para construir esas relaciones. Las fuerzas del orden aportan autoridad investigativa y capacidad de actuación mediante procesos legales. Los organismos internacionales ayudan a coordinar esfuerzos entre distintas jurisdicciones. Los socios del sector privado contribuyen con experiencia técnica, agilidad, telemetría y visibilidad sobre las amenazas que afectan a organizaciones y particulares. El ámbito académico fortalece la investigación y ayuda a formar a la próxima generación de profesionales.
Para este El Grupo reafirmó un principio fundamental: la inteligencia genera valor cuando se traduce en acción y la colaboración genera impacto cuando dicha acción conduce a la disrupción. Al seguir compartiendo conocimientos especializados, fortaleciendo las capacidades regionales y llevando a cabo operaciones coordinadas, podemos elevar el costo del ciberdelito y contribuir a crear un entorno digital más seguro en toda América Latina.
Fuente: ERP SUMMIT